Nos encontramos nueva-mente compartiendo nuestra Espiritualidad con ustedes, queridos Amigos de Dios, que buscan y desean vivir como Jesús para crecer cada día más en su amistad y trabajar juntos en el mismo proyecto de aumentar el número de los amigos de Dios.
Vivimos un momento decisivo en la historia de nuestro México, en el que es urgente sentirnos Iglesia, sentirnos comunidad a la que nos pertenecemos los unos a los otros en la misma fe. Todo lo que ayude a fomentar este sentido de pertenencia tendrá importantes repercusiones a nivel eclesial, social y familiar, y se traducirá en un trabajo apostólico que busque sólo la eficacia del Evangelio.
San Pablo, al hablarnos de nuestra pertenencia a la Iglesia y de la función que desempeñamos en ella, nos dice, con mucha claridad, la repercusión tanto positiva como negativa que ejercemos a través de nuestro quehacer; y hace hincapié en que es un mismo Espíritu quien actúa en la diversidad de ministerios.
“Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad de actividades, pero uno mismo es el Dios que actúa todo en todos. Dios da a cada uno alguna prueba de la presencia del Espíritu para provecho de todos… Dios dispuso el cuerpo de tal manera que los miembros menos estimados reciban más honor, para que no haya desunión en el cuerpo sino que cada miembro del cuerpo se preocupe por los otros. Si un miembro sufre, todos los demás sufren también con él; y si un miembro recibe atención especial, todos los demás comparten su alegría”. (Col. 1, 19-20)
El Señor nos invita a experimentarnos parte de una Iglesia, a trabajar juntos desde la misma espiritualidad, la Espiritualidad Cazariana, cuyo centro y motor es Cristo, que surge de una misma visión y lleva a una misma misión.
La visión es la concepción que se tiene del hombre, del mundo, de la sociedad, de sí mismo y de Dios. Podemos expresar la visión de José María de la siguiente manera:
El hombre:
- Espera y confía en Dios que da la paz para que el pueblo tenga vida; se sitúa frente a Él como criatura.
- Acepta el misterio de Dios en su vida, lo ve como el Señor de la historia, depende totalmente de Él y esto lo lleva a una actitud de Reverencia.
Dios compasivo:
- Baja en Cristo para ver por su pueblo (Encarnación).
Cristo:
- Da su vida como rescate por amor: Éste es mi cuerpo entregado por ustedes.
- Sólo busca la vida de sus fieles y manifiesta su acción salvadora que actúa en los sacramentos especialmente en la Eucaristía.
Esta visión Cazariana lleva a optar por un proyecto de vida en el cual se unen íntimamente el amor y el servicio a Dios y a los demás. Hagan esto en memoria mía es una invitación a dar la vida por la misma intención y de la misma manera que Él la da.
La misión es el Proyecto Cazariano que buscar formar un pueblo en paz y prosperidad donde todos vivan como hijos del mismo Padre y hermanos entre sí, lo que expresamos al vivir la Filiación y Fraternidad. Esto es dilatar el Reino que Jesús anunció, haciendo crecer su Iglesia; para el amigo de Dios se traduce en hacer crecer sin término el número de los amigos de Dios:
- Mediante la compasión, don que ha recibido de Dios;
- Y lo llama a compartir los bienes que ha puesto en sus manos con rectitud y veracidad;
- Actuando en justicia y caridad hacia el pueblo;
- Dando lo que éste necesita para vivir, sin buscar intereses personales (equidad).
La visión es experiencia que impulsa a la misión; el trabajo apostólico se convierte en vida compasiva por el amor que lo hace eficaz.
Lo anterior nos confirma que la Espiritualidad Cazariana es Cristiana, puesto que el centro y motor es Cristo, a quien contemplamos como Sagrado Corazón. Él es la motivación y el impulso por quien se vive. Experimentar y aceptar al Padre como Creador, al hijo como Redentor y al Espíritu Santo como Vivificador de nuestra historia, nos lleva a vivir una espiritualidad Trinitaria.
Esta espiritualidad impregnará las relaciones con Dios, con los demás, con las cosas y con uno mismo; es un proceso, un caminar por la vida que pasa por pruebas y se va consolidando mediante contradicciones, malentendidos y toda clase de cruces, en la Iglesia y fuera de ella.
La espiritualidad propone una santidad para todos y se traduce en la unión con Dios y con nuestros hermanos, según el estado de vida de cada persona. Es un estilo de vida que se acepta en la fe, se expresa en el amor, crece en la esperanza y conduce a la comunión eclesial. Esta propuesta de vida parte del encuentro con Cristo que lleva a la conversión, da sentido a la vida y la unifica. Sin la espiritualidad, la vida se vuelve rutinaria y carece de sentido.
Sus elementos esenciales son:
- La relación con Dios, sobre todo mediante la oración (vivir la filiación).
- La relación con los demás, sobre todo mediante la comunión con la Iglesia (vivir la fraternidad).
- La misión evangelizadora que propicia el aumento del número de los amigos de Dios (hacer filiación y fraternidad).
Cristo actúa en su Iglesia por medio de:
- La Palabra orada y discernida.
- La Liturgia.
- Los Sacramentos, especialmente la Eucaristía.
La espiritualidad puede ayudarnos a responder a las preguntas existenciales: ¿quién soy?, ¿para qué fui creado?, ¿cómo ser feliz?
El amigo de Dios que vive desde la espiritualidad, invita a otros a vivirla, no sólo con palabras sino con el testimonio alegre y gozoso que contagia, porque el júbilo interior se proyecta en todo su ser y su hacer.




