Acerquémonos a Jesús como el discípulo amado para experimentar el don de su amistad.
Para comenzar, invita al Espíritu Santo a actuar en tu interior…
Cuando descubras paz en tu corazón, comienza a leer, imagina la escena y sus personajes, saborea el texto. Lee atentamente.
¿Quién soy?
Mi nombre es Juan y soy pescador. Mi padre, llamado Zebedeo y mi hermano Santiago, también son pescadores… creo que yo lo seré toda mi vida. Mi mejor amigo es Simón y en ocasiones no le comprendo, pues soy rebelde, caprichoso y muy sensible al amor. Soy vengativo y me cuesta mucho perdonar, a veces busco el poder y sobresalir de los demás… No sé lo realmente lo que quiero.
Vivo en Galilea y espero, como tantos, la venida del Mesías: creemos que será un hombre poderoso, que nos librará de nuestros enemigos romanos para que el reino de Israel se restablezca. Por eso, con mi hermano y algunos amigos, hemos acudido a Jerusalén ante la agitación de la gente, pues dicen que un nuevo Profeta ha aparecido en el Jordán.
Mi búsqueda
Allá en el río Jordán, cuando me uno a la multitud para ser bautizado, siento que Juan el Bautista me mira largamente. ¡Caray!, estoy temblando, su predicación y personalidad me fascinan, Juan me ha dicho que el Mesías viene detrás de él y que me bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Mi corazón inquieto y ardiente espera al Salvador.
Y ese día llegó….
Muy de mañana, mientras Juan bautizaba, hizo de pronto una pausa y nos llamó a Andrés y a mí; lo vimos extrañamente emocionado y sus ojos muy abiertos contemplaban a alguien que pasaba por el otro lado del río. Señaló con el brazo tembloroso y exclamó: ¡Éste es el Cordero de Dios! Andrés y yo corrimos para seguir a ese hombre movidos por algo más que la mera curiosidad y le alcanzamos. Jesús parecía tan ordinario, tan sencillo, vestía como uno de nosotros, pero tenía algo muy especial… de repente se detuvo, nos miró fijamente y preguntó ¿qué buscan?
Esa pregunta me desconcertó. Toda mi vida había estado en una apasionada búsqueda, pero ¿de qué? ¿de la verdad? ¿del amor? Tardé en contestar. En realidad lo que siempre he buscado es a alguien a quién seguir, no una idea más, sino a un amigo a quien amar y que le diera sentido a mi vida. Alguien con quien vivir y por eso le pregunté dónde vivía. Entonces él con su mirada profunda y una sonrisa nos invitó a estar con Él. Eran como las cuatro de la tarde.
Mi llamada
La mirada de Jesús me cambió para siempre, no he dejado de pensar en él ni en sus palabras. Pesco, pero mi corazón está en otro lugar. De repente lo veo, viene con Simón y Andrés: ¡Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres! No pude dudarlo, ¡claro que iría con él! Dejé las redes y le acompañé, mejor dicho, le acompañamos, porque más que pedirnos que dejáramos algo, nos ofrecía su amistad.
Mi historia con Jesús
Llevo varios meses siguiendo a Jesús. Han sido días muy difíciles. Él no nos da respuestas fáciles, pero sí nos inquieta y nos mete en abismos desconocidos. Hay días en que me le acerco mucho y estoy atento a todas sus palabras. Pero, en otros, me alejo y me rebelo a todo lo que dice. No lo entiendo y eso me da rabia. Su doctrina no es fácil, ni difícil: ¡es imposible! Lo que sí sé, es que ya no podría vivir sin él.
La comunidad de Jesús
De entre mucha gente, él llamó a Pedro y a mi hermano y a mí también hasta formar un grupo de doce. Nos dijo que quería que estuviéramos con él y que fuéramos apóstoles, es decir, enviados a predicar la buena noticia del Reino. Eligió entre tantos discípulos a los que quiso. Creo que no éramos los mejores, pero fue su amor el que nos llamó. Nosotros no lo elegimos: él nos eligió.
Formamos un grupo de amigos muy bueno. La mayoría éramos muy jóvenes y yo era el menor. Pedro, mi amigo: apasionado, ardiente, orgulloso, seguro de sí mismo. Santiago mi hermano, ambicioso y violento como yo. Andrés, tímido y muy espiritual, diferente de su hermano Pedro. Felipe, el simpático y despistado Felipe; a Jesús le gusta hacerle bromas. El bueno de Natanael, sincero y apasionado por la verdad. Tomás, ese muchacho que siempre busca que lo quieran; es un poco terco, pero nos llevamos bien. Mateo, tan ordenado y metódico. También dos parientes de Jesús: Santiago y Judas Tadeo. El revolucionario Simón – que no es el único celota del grupo- y Judas Iscariote que, sinceramente, a mí es el único que no me cae bien, pero Jesús lo quiere mucho.
Somos hombres comunes y corrientes. Jesús nos aceptó con todas nuestras debilidades y pasiones. No somos muy listos ni inteligentes. Ni siquiera piadosos. Lo único que nos distingue de los demás es que fuimos llamados por Jesús a disfrutar su amistad, su persona, su vida más de cerca.
Comparte con tu grupo:
– ¿qué sucedía en el corazón de Juan antes de encontrarse con Jesús?
– ¿qué anhelaba?
– ¿qué momentos o escenas llamaron más tu atención del encuentro de Juan con Jesús?
– ¿cómo se fue desarrollando su relación de amistad con Jesús hasta convertirse en discípulo?
Medita en tu corazón:
– Ante esa realidad de insatisfacción, Juan buscaba alguien que diera sentido a su vida. ¿He experimentado yo momentos de insatisfacción o vacío?
– ¿Cómo ha sido mi proceso de amistad con Jesús? ¿cómo se ha acercado Él a mí?
– Ante este proyecto ¿cómo me siento?
Habla un momentito con el Señor y Escúchalo
– Dile lo que piensas y sientes… permite en el silencio que también Él te hable.
Agradece a Jesús
– Deja que tu corazón exprese con sencillez tu acción de gracias, comparte con tu grupo ese regalo.

