PROCESO DE MADUREZ EN LA FE DE PEDRO

Jesús llama. Los discípulos habían seguido a Cristo de lejos, en medio de sus trabajos de pesca, sin haber sido llamados todavía a su seguimiento.

•    Jesús dijo a Simón: “Rema hacia dentro del lago y echen las redes para pescar”.
•    Pedro confía en la Palabra de Cristo: “Sólo porque tú lo dices echaré las redes”.
•    La pesca es extraordinaria.
•    Ante este hecho maravilloso, Pedro reconoce sus miserias, se da cuenta que está frente a él alguien más que un sabio pescador, se arrodilla ante Jesús y le dice: “Apártate de mí porque soy un pecador”.

El Señor, ante este reconocimiento de Pedro en su verdad de pecador, lo llama: “No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”. Pedro escucha su llamado y se entrega a Cristo, cuyo signo de su conversión al igual que el de sus compañeros está en su respuesta: “dejaron todo y lo siguieron”.

La actitud de Pedro fue de generosidad, entusiasmo, impulsividad y amor sensible al Señor. Pero también hay exceso de confianza en sí mismo y en sus posibilidades; hay ambigüedad en su compromiso (Lc 5, 1-11). 

Pedro confiesa la identidad de Jesús. Este hecho se da en un momento importante de la vida de Jesús: el rechazo de su pueblo y el fracaso aparente de su misión. Durante el ministerio de Jesús, Pedro  ha estado en contacto cercano con su Maestro y esta cercanía lo ha llevado a reconocer en Jesús al Mesías. Jesús pregunta: “Ustedes ¿quién dicen que soy yo?” Pedro contesta: “Tú eres el Hijo de Dios”. Jesús lo llama “dichoso” porque esta verdad le ha sido revelada directamente de su Padre. Jesús da a Pedro el encargo de pastorear a su nuevo pueblo, la Iglesia: “Yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia…” (Mt 16, 13-19). 

Actitudes fundamentales del discípulo. Pero aún no hay claridad en Pedro sobre el Reino “serás pescador de hombres”. Queda todavía la idea de una tarea temporal que seguramente le dará cierta autoridad y aparecerá como el más importante. Pero ante esto, Jesús habla de dos actitudes fundamentales que debe tener el discípulo que quiere seguirle: En primer lugar, atacar de raíz el afán de orgullo y poder;  “el que quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Jesús completa esta actitud poniendo como ejemplo a un niño desvalido, indefenso, en el que él mismo se identifica: “El que recibe a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe” ( Mc 9, 33-37) .
 
Experiencia de gloria.Jesús, en el pasaje de la transfiguración, permite que sus apóstoles más cercanos -Pedro, Santiago y Juan-  tengan una experiencia de gloria y ante esta experiencia única -que sólo se puede gozar en el cielo- Pedro se empeña en prolongarla: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres tiendas…” Este episodio de la transfiguración muestra cuál es la verdadera personalidad de Jesús y anuncia que su muerte en cruz culminará en la gloria de la resurrección (Lc 9, 28-36).
 
Valor de la fe y la oración. Ante la incapacidad para sanar a los endemoniados, como su Maestro, Pedro y sus compañeros se preguntan: “¿Por qué nosotros no podemos expulsarlos?” Jesús contestó: “Esta clase de demonios sólo pueden ser expulsados con la oración”. La fe que tienen los discípulos es aún insuficiente, por eso Jesús los invita a acrecentar su fe ya que de otro modo no serán capaces de hacer presentes los signos del reino (Mc 9, 14-29). 

Dificultad para comprender el seguimiento. Pedro no entiende a Jesús cuando les anuncia que su pasión terminará en la cruz, se escandaliza y le habla aparte a su Maestro: “Dios no lo quiera, eso no te pasará”. Jesús le responde: “Retírate Satanás, eres para mí un obstáculo, porque no piensas como Dios, sino como los hombres”. Jesús, al hablar a sus discípulos sobre su muerte, habla también de las actitudes que deben adoptar para recorrer junto a él este mismo camino (Mt 16, 22-23).

Pedro ama a Jesús.
Pedro ama a Jesús hasta desear morir por él: “Señor, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel e incluso a la muerte”. Jesús ante el impulso de Pedro, de dar la vida por él, está mirando su fragilidad y anuncia su caída; pero anuncia también que se levantará y que llevará a cabo una misión en su nombre que consiste en confirmar la fe de sus hermanos: “Yo he rogado por ti para que tu fe no decaiga; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos en la fe (Lc 22,31-34).

Pedro se resiste a dejarse amar. Jesús lava los pies a sus discípulos. Pedro se resiste, no capta el sentido profundo del misterio expresado en el signo: “lo que estoy haciendo, tú no lo puedes comprender ahora; lo comprenderás más tarde”. Es necesario que esto se haga: “Si no te lavo los pies, no tendrás parte conmigo”,  es la condición para tener “parte con Él”. Jesús le pide que se deje amar por él y como él, es un  amor que lleva a la pasión. Todo, en este signo significa amor, el amor de Dios a su pueblo, el amor que debemos tener unos a otros. “…hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes” (Jn 13, 1-15.).

Crisis de Pedro. Pedro experimenta sus límites y su gran debilidad al entrar a la pasión, se da en él el contraste, ya que había dicho lleno de fervor sensible: “Aunque tenga que morir contigo, jamás te abandonaré”; y momentos más tarde, atemorizado, niega ser su discípulo,  traicionando a su Maestro. Lucas añade que Jesús se dirigió a Pedro y lo miró después de haberlo negado tres veces y Pedro se acordó con gran dolor de lo que Jesús le había dicho y lloró amargamente. (Mt 26, 33-35).

Pedro confiesa a su maestro que lo ama. Jesús aprovecha esta misma crisis para volver a llamarlo a una conversión más madura y definitiva. En los relatos de la resurrección se establece un diálogo entre Jesús y Pedro, semejante al primer  llamado, el  lugar  es  el  mismo y las  circunstancias  muy parecidas.  Pedro y otros apóstoles  están de pesca y no han cogido nada en toda la noche. Al amanecer,  Jesús desde la  orilla  les  ordena  echar  la  red  y  como  resultado  pescan  un número enorme de peces grandes. Luego se reúnen con Él a la orilla para comer.

Pedro ha sido consciente de sus límites y fallas, lo cual lo ha hecho más humilde, y por eso su entrega ahora no se basa en sus posibilidades, sino en la palabra de Jesús que lo ha llamado. Ahora se entrega por completo al Señor crucificado y a su Reino (Jn 21, 1-14).

Pedro madura en su fe. Pedro ante la pregunta que Jesús le hace tres veces: “Pedro ¿me amas?” él convencido de su amor responde: “Sí, Señor tú sabes que te amo”; y ante la insistencia de Jesús, Pedro consciente de su fragilidad contesta: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”. El Señor considera ya a Pedro maduro en su fe y en este momento le confía el cuidado del rebaño, ser el pastor de su Iglesia: “Apacienta mis ovejas”.

Antes había dejado su casa, sus hermanos y su trabajo, pero no se había entregado a sí mismo. Por eso Jesús completa su llamada con un anuncio: “Cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas a donde querías. Pero cuando te hagas maduro, abrirás los brazos y otro te amarrará la cintura y te llevará a donde no quieras” ( Jn 21, 15-19).

La verdadera conversión cristiana se da en la fe: sólo ella nos permite dar el paso radical de entregarnos sin reserva a Jesús. Como Pedro, podemos entregar nuestro trabajo y todas las cosas, pero no nuestra persona, conservamos nuestra vida. “El que conserva su vida la pierde, y el que pierde su vida en este mundo la conserva para la vida eterna” (Jn 12,25).

REFLEXIÓN PERSONAL.

•    ¿El proceso de Pedro te ayuda a entender tu propio proceso? ¿Qué luces recibiste al escuchar (o leer?) este proceso de madurez en la fe de Pedro?

•    ¿Desde el amor que Dios te tiene, mira tu historia y descubre, ¿en qué momento experimentaste el llamado de Jesús?

•    ¿Encuentras alguna relación con Pedro en tu proceso de fe por donde Dios te ha llevado?


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